¿Está UD. de acuerdo con la activación del PODER CONSTITUYENTE ORIGINARIO en Venezuela?

miércoles, 10 de julio de 2013

Especímenes por Santiago José Guevara García

Especímenes
Santiago José Guevara García*
Resulta que los venezolanos, de cualquier nivel, somos unos auténticos safriscos. Alguien dice “A” o “Z”, y de inmediato surgen los “expertos” en “A” o “Z” de debajo de todas las alfombras. En el campo que nos ocupa actualmente, pasó con el tema de la transición y pasa, ahora, con el de la constituyente.

Para lo primero, bastó que Diego Arria dijera en el primer foro de los precandidatos opositores el 14 de noviembre de 2011, que proponía una transición de tres años, para que un término (sin precisión conceptual, sea dicho) que antes solo había merecido un artículo en un diario capitalino y algunas menciones en la literatura, se convirtiera en la nueva y cansona moda de practicantes y analistas.

Por lo pronto, este artículo lo dedicaremos solo a ese término. Lo constituyente –en plena eclosión- quedará para después.

En los comienzos de 2011 habíamos hecho el balance –no exhaustivo- del uso, por los venezolanos, del término y asociados. Sucedió en Valencia, en la conferencia aniversario del IFEDEC-Centro de Políticas Públicas, cuyo título, con revestimiento de informalidad, se planteó como “Hablemos de la Transición a la Democracia”.

En los tiempos previos a la actividad, habíamos registrado solo dos menciones: el artículo dominical antes referido y la referencia en una obra de ficción sobre los episodios relacionados con Diógenes Escalante, en el tiempo de Medina Angarita, en la primera mitad de los ’40 del siglo pasado. Había una más, de hacía más de cincuenta años, la cual, posiblemente, requerirá un artículo especial.

Pero, llegaron las primarias del campo democrático de comienzos del 2012. Diego –a quien coordiné su programa económico y apoyé en el plano estratégico- fue uno de los participantes. Tres meses antes, había sido el padrino de un libro mío. Lo había honrado con una nota introductoria. La obra incluye un capítulo sobre “Viabilización de la transición democrática”, tema que trabajé, con intensidad –y poca fortuna- en los años de mi pasantía por la Coordinadora Democrática de Venezuela.

“Transición democrática” es un concepto frecuente en la discusión política, económica, jurídica y sociológica, para referir el lapso –impreciso, por razones diversas- de arranque de un ciclo de democracia posterior a una experiencia totalitaria. No es, con mucho, el concepto principal en el tema. Sí lo es el de Transición a la Democracia.

En el mundo, desde los setenta del siglo pasado, es el concepto marcador en los estudios de los elementos que explican el surgimiento o, más aún, el resurgimiento de procesos democráticos posteriores a una experiencia dictatorial cualquiera, más o menos intensa, de viejo o de nuevo cuño. Debido al académico estadounidense Danwart Rustow, dio, muy pronto, lugar al surgimiento de la llamada “transitología”, término desusado en Venezuela, la cual se reconoce como la disciplina que se ocupa del tipo de procesos arriba referidos. Es el campo profesional de los transitólogos.

El amplio y creciente campo, dispar en la evolución de los distintos temas que lo componen, ha tenido, sin embargo, un largo y cada vez más científico camino (en la Economía, por ejemplo). Los casos del sur de Europa de los ’70, del este de Europa y de la URSS, en los ’90 y los asociados a lo que llamamos la Onda Renovadora Mundial, a partir de Túnez, hace apenas algo más de dos años, están entre los más visibles de la disciplina. Uno, en otro ámbito geográfico, descuella en el momento actual: el de Birmania (o Myanmar), diría que de obligatorio seguimiento por los venezolanos.

Otra cosa son los transicionalistas. Son los partidarios de las transiciones. La situación actual venezolana muestra, sin razón explícita en la mayoría de las situaciones, a partidarios y oponentes. Lo incongruente del asunto es que no se refiere a la partición de aguas entre demócratas y totalitarios, sino dentro del mundo democrático. Más paradójico aún es lo que significa: que en el mundo democrático hay gente ganada para cambiar,…mientras no cambien “las cosas”.

El tema lo hemos trabajado, e incluso la Fundación Venezuela Positiva incluyó en su libro del año pasado un corto ensayo nuestro, consistente, en lo esencial, de un ejercicio prospectivo en el cual se revisa, con la necesaria simplificación, los diversos escenarios a enfrentar en caso de un triunfo de la política democrática. Sin transición a la democracia y afán de consolidación democrática mediante, lo más probable es que precisamente las cosas no cambien mucho. En algún momento próximo escribiremos al respecto.

La razón, claro, no se encuentra ni en los transitólogos, ni en los transicionalistas, sino en esa especie de “consenso tácito” entre élites partidistas y “empresariales” –intelectuales mediante- según la cual el país es solo una tacita de oro (y de petróleo, hierro, gas, agua, rentas diversas, etc.), a la cual lo que procede es nada más explotarla, a la vieja usanza mercantilista española que marcó nuestro descubrimiento y sigue orientando los afanes nacionales más “avanzados”.

Pues, resulta que, aún a estas alturas del juego nacional, no se entiende el valor de los factores de producción “creados” en la producción de riqueza nacional. Las dos especies hasta ahora mencionadas sí lo ven y lo propugnan, pero los otros especímenes, los negadores de las transiciones o los que supuestamente la aceptan, pero solo ven en ellas un simple cambio de ropaje, ni siquiera saben para qué juegan en la política (o lo saben, pero dicen otra cosa).

Ciudadanos, democracia progresiva, prosperidad, estabilidad, justicia, imperio de la Ley, instituciones, políticas profesionales, solidez económica, etc., no parecen estar en su menú. ¡Que entre safriscos y otros especímenes no nos veamos!

Santiago José Guevara García
(Valencia, Venezuela)
sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

Vía:http://www.americaeconomica.com/index.php?noticia=16163&name=POL